La supervisión humana aporta ética a la Inteligencia Artificial

Definida por la UNESCO como “una máquina capaz de imitar ciertas funcionalidades de la inteligencia humana”, la inteligencia artificial (IA) redacta textos, elabora informes, produce contenidos propios e interactúa con sus usuarios.

En su teoría de las inteligencias múltiples, el psicólogo estadounidense Howard Gardner planteó que la habilidad de una persona no se limita a una única capacidad general ya que existen diferentes tipos de inteligencias.

Inteligencia Artificial

Entre esta diversidad de inteligencias se incluyen la lógica-matemática para resolver cálculos o ecuaciones, la lingüística vinculada al lenguaje, la espacial sobre la percepción del espacio y su visualización, la musical para la creación e interpretación de canciones, la corporal-cinestésica que usa el cuerpo para resolver problemas o crear productos, la interpersonal para interactuar efectivamente con otros, la intrapersonal orientada a la comprensión de uno mismo y también la naturalista, que se enfoca en entender a la naturaleza con su entorno.

Cada uno de nosotros puede desplegar estas inteligencias en mayor o menor medida pero la inteligencia artificial (IA) se distingue por su alta especialización. Pese a que la IA sobresale en la lógica-matemática y lingüística, aún está lejos de igualarse a una inteligencia artificial general (AGI) comparable a la humana.

Esta década se caracterizó por una evolución constante de la IA. OpenAI lanzó ChatGPT 3.5 en noviembre de 2022 y, 3 meses después, salió la versión GPT-4o que integra texto, audio e imagen con una velocidad inédita hasta ahora. ChatGPT ya cuenta con 180.5 millones de usuarios activos en todo el mundo.

Los modelos de inteligencia artificial interactúan con el contexto tal como lo hace cualquier persona. Procesan la información recibida y dan respuesta en escasos segundos. La capacidad de procesamiento y análisis masivo de datos de la inteligencia artificial y su velocidad de respuesta nos obligan a reflexionar sobre las implicancias sociales, éticas y morales de la IA.

El uso indebido de esta tecnología podría agravar problemas globales como la desinformación, las fake news, las deepfakes, el tráfico ilegal de datos, la publicidad engañosa, los ciberdelitos, el desempleo, las estafas digitales, la brecha digital y los sesgos algorítmicos basados en falsas creencias.

Reviste extrema importancia que desarrollemos y apliquemos principios éticos en el diseño, implementación y uso de la inteligencia artificial para que sus beneficios se maximicen al mismo tiempo que se minimicen sus riesgos.

La UNESCO emitió en 2021 su Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial que fue adoptada por sus 193 Estados miembros, incluida Argentina. A través de este documento se instó a proteger los derechos y dignidad mediante la transparencia y la equidad. Se recomendó que los sistemas de IA estén supervisados por personas de carne y hueso.

Argentina, en línea con esta recomendación, elaboró en 2023 las Recomendaciones para una IA fiable impulsando una IA diáfana, equitativa, confiable y centrada en el bien común. Estas directrices se enfocan en la calidad y el tratamiento de los datos los que, al igual que los diseños de inteligencia artificial y los modelos de lenguaje, deben ser transparentes, explicables y auditables. Establecer una ética para la inteligencia artificial es esencial para asegurar que su desarrollo y uso resulten justos, responsables y respetuosos con la dignidad humana.